¡He vuelto!
¡Hola!
Espero que se encuentren muy bien y tan ansiosos/as como yo de iniciar una segunda aventura de aprendizaje. Me han asignado el grupo "Hegel" y mi tutora es Elisabeth Barroso. En el curso anterior, pertenecía al grupo "Osaka" y mi tutora era Cecilia Rabier (nada que decir más que buenos comentarios sobre su rol)
A lo que nos concierne este escrito, mi nombre es María Agustina Totino y estoy por finalizar pronto el Prof. en Ciencias de la Educación. Como mencioné en la presentación anterior "Amo la formación permanente. Considero y estimo necesario que no debe desaprovecharse ninguna oportunidad de aprendizaje, y que nunca es suficiente. La tecnología avanza a pasos inconmensurables, y nuestros alumnos avanzan con ella. Como docentes, es pertinente buscar la actualización de nuestros saberes en nuevas formas de transmitirlos, compartirlos, otorgarlos a otros sujetos." (aquí pueden leer dicha presentación completa)
Mis interesen suelen ser variados, pero cuando me solicitan definirlos utilizo tres palabras: educación - tecnología - psicología social. Aunque, el campo de estudio que más me moviliza es la tecnología educativa per se. ¿Cómo es posible que nuestros alumnos sobreviven a base de dispositivos tecnológicos y en educación la evitamos? o peor aún, se las prohibimos. Aprender a utilizar de manera consciente y organizada los elementos tecnológicos es una tarea compleja. Pero no imposible.
Entonces, ¿Cómo fue mi clase memorable? es una larga historia... Hace tiempo fui convocada para dar una clase en una institución religiosa (y yo no lo soy, pero eso no fue impedimento). En resumen, era una serie conferencias sobre las encíclicas papales que debían ser mediadas para estudiantes de segundo año de un colegio secundario religioso con orientación en Ciencias Sociales y Humanidades. El evento se realizaba de manera presencial, y fue por supuesto previo a la pandemia. La clase que debía dar fue la primera de todas las demás, por ende debía motivar a los alumnos a seguir presenciando la actividad.
Como leyeron en la clase, les llevé muffins, pero eso no fue lo memorable...luego de varios años me reencontré con algunos de esos alumnos y me comentaron que recordaban muy contentos lo rico que estaban los muffins (y describieron con lujo de detalle cómo estaban compuestos) y además mencionaron que todavía conservaban los señaladores de libros que había personalizado para cada uno de ellos. ¡Cuestión que yo había olvidado por completo! Pensando qué podía dejarles de recuerdo por mi paso en su educación, decidí tomar frases (motivacionales) extraídas de la encíclica y realizar señaladores que pudieran usar cuando estuvieran leyendo. Esto me llenó de alegría, saber que todavía recordaban los temas aquella encíclica, y más aún que conservaran el señalador para seguir estudiando.
¡Gracias por leerme!


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